La salud es un negocio

¿Es la salud un negocio mercantil? ¿Existen intereses ocultos en torno a ella? La respuesta esté quizá en medicamentos para dolencias crónicas, vacunas, patentes, estudios dudosos, productos milagro, marketing y charlatanes de todo a cien
22 de Agosto de 2014
salud negocio

Los intereses de la industria farmacéutica están por encima de la salud de la ciudadanía | Muyenforma.com

¿Es la salud pública un negocio? ¿Se frotan las manos las multinacionales farmacéuticas a nuestra costa? La mayoría de la población confía en que su salud está en las mejores manos y cree firmemente en lo que cuentan los organismos sanitarios oficiales acerca de las enfermedades y las distintas maneras de prevenirlas o combatirlas. Rara vez llegamos a plantearnos si detrás de los muros de estos organismos se esconden sombríos negocios que no han salido a la luz –y quizás nunca la vean– porque perjudicarían seriamente sus intereses y beneficios económicos.

Hipotéticamente hablando, no sería descabellado pensar que ciertos investigadores médicos podrían estar obligados a guardar silencio, teniendo que convertirse en marionetas en manos de las élites o incluso formar parte del pastel: corporaciones bancarias, lobbies tecnológicos, políticos influyentes con acciones en laboratorios farmacéuticos, etc. Sin ir más lejos, como ejemplo, en España tenemos la gran “suerte” de contar con personalidades públicas que privatizan la sanidad pública sin muchos miramientos, pero que cuando ellos, en sus propias carnes, experimentan el menor síntoma que afecta a su salud y bienestar, no dudan en ponerse en las manos de los mejores especialistas, públicos o privados.

La salud como forma de generar miedo

Al mismo tiempo, los precios de la industria siguen subiendo y las grandes multinacionales aumentando su poder adquisitivo, mientras el miedo a la enfermedad se propaga a través de los medios de comunicación y los gobiernos. Léase, sin ir más lejos, el gran miedo informativo que se inculcó desde los medios de comunicación ante la gripe H1N1 (más conocida como gripe A), que servía como excusa para abrir telediarios y firmar portadas de periódicos con el único resultado de aterrorizar a la población. Paranoia colectiva o no, los gobiernos de muchos países picaron el anzuelo y se gastaron cantidades ingentes de dinero en vacunas que posteriormente destruirían a escondidas.

¿Es todo una cadena de favores? ¿Controla “poderoso caballero don dinero” también la medicina? ¿Se aleccionará o instruirá a los futuros médicos bajo la doctrina o las leyes impuestas por la industria farmacéutica? Pensándolo fríamente, las personas sanas no proporcionan ingresos y lo que en realidad interesa a quienes manejan este negocio es recaudar fondos, ganar dinero y llenarse los bolsillos usando la salud como reclamo. Se trata de crear algo así como un tipo de obsolescencia programada en personas de carne y hueso. La cura definitiva de una enfermedad o dolencia considerada como no grave no es rentable, en muchas ocasiones, a la hora de investigar, sobre todo una vez se dispone de medicinas y vacunas que suponen ingresos recurrentes, seguros, para numerosos organismos públicos y privados. Y en ese contexto aparecen las patentes, la excusa perfecta para lucrarse durante años por el derecho a curar, con precios, en ocasiones, abusivos.

La salud, cuestión de marketing

¿Desde cuándo la salud está sujeta a estrategias de marketing? Convertir la salud en un negocio rentable pasa por, como decíamos, tratar los síntomas sin ponerle solución a la dolencia. Si una persona permanece enferma el mayor tiempo posible –incluso toda la vida– nunca dejará de comprar fármacos. Igual ocurre con las denominadas modas saludables: cada equis tiempo aparecen –dudosos– estudios que ensalzan las propiedades saludables de determinados alimentos cuando otros, tiempo atrás, los tachaban, cuando menos, de perjudiciales y catastróficos para la salud. Es el caso de la leche, la cerveza y los huevos, entre otros muchos alimentos que “cambiaron de bando”. Parece que, en ocasiones, determinados mercados diseñen estupendas campañas de marketing con el objetivo de dar un empujón a sus sectores y seguir recaudando dinero hasta que una nueva investigación ponga fin a la mentira.

También sucede con los productos light y la cantidad abrumadora de productos, tanto alimentarios como cosméticos y de fitness, que prometen resultados milagrosos –por no decir imposibles–, sin apenas moverse del sillón, en tiempo récord. La salud vende; es una realidad: leggins y fajas para perder tripa, refrescos quemagrasas, milagrosas bayas que no aportan nada, zapatillas que realzan piernas y glúteos, plataformas que con solo vibrar prometen adelgazar, pulseras que casi casi te convierten en un superhombre… Y qué decir de las terapias naturales, muchas de ellas no contrastadas y sin ningún fundamento científico… En definitiva, se trata de jugar con la ilusión y la esperanza de la gente. Se trata de alejarse de la “verdad oficial”, buscando alternativas a las enfermedades que afectan a la población mundial. Difamar. Enriquecerse con terapias no convencionales sacacuartos y enriquecerse a costa de la desesperación y los deseos de la gente.

El futuro

En el actual sistema sanitario los pacientes viven felices en la ignorancia y la farmacodependencia, y algunos médicos (no todos, por supuesto) absorben conocimientos como si fueran esponjas, con los ojos cerrados y los sueños aplacados ante la idea de abrir un abanico de posibilidades. Su fin es salvar vidas y evitar la enfermedad y la muerte como sea, aplicando exclusivamente la enseñanza recibida y sin casi implicación emocional. En demasiadas ocasiones, los consultorios médicos reciben la visita de comerciales de grandes farmacéuticas que compran, literalmente, su palabra y honestidad.

¿Debemos ser más críticos con la información que recibimos y reflexionar sobre la mercantilización de la salud? Se manipulan investigaciones y publicaciones científicas, se ocultan datos sobre la seguridad de los medicamentos y se medicaliza la vida, en todos sus ámbitos (moda, industria, estilo de vida… salud) para conseguir de un modo u otro que no nos sintamos bien, que percibamos el riesgo de enfermar en cualquier momento, que nos sintamos atractivos según los cánones de belleza impuestos por otras industrias igual de podridas que la de la salud. Se difunden mensajes esperanzadores que conducen a la desorientación ciudadana, a la aceptación de privatizar la sanidad y que se pierda la igualdad en el acceso a la atención sanitaria.

¿Qué nos deparará el futuro? Sin ninguna duda, lo que los ciudadanos estemos dispuestos a acatar.

3 Comentarios
  1. martin
    Publicado el 23 Agosto, 2014 a las 22:27 | Enlace

    Me gustaría añadir una cosa sobre las terapias alternativas: Estas no son para nada rentables, en la mayoría de casos los propios terapeutas “alternativos” lo hacen gratis y el precio suele ser MUY MUY pequeño, ademas de que tratan dolencias que la industria medica suele tratar como crónicas (con la ganancia que eso supone).

    Saludos

  2. José Luis Rodríguez
    Publicado el 2 Octubre, 2014 a las 14:30 | Enlace

    Al final yo aunque sé q simplifico mucho me agarro a la frase de poderoso caballero es Don dinero y cada dia me queda mas meridianamente claro q en nombre de ese poderoso caballero parece valer todo

  3. Carlos Londoño
    Publicado el 18 Junio, 2015 a las 23:02 | Enlace

    Las farmacéuticas sobornan a (no todos, por supuesto) los médicos a través de regalos en especie, dinero, viajes pagados a congresos, vacaciones, etc a cambio de que éstos receten sus medicamentos…y para que desacrediten los medicamentos genéricos.

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