Resaca: cómo se produce y cuáles son sus consecuencias

Los efectos de la resaca dependen de la cantidad y tipo de alcohol consumido, el sexo y la genética. Entre sus principales síntomas destaca el dolor de cabeza, náuseas, sequedad bucal, fatiga y malestar general, entre otros
27 de marzo de 2013
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Beber alcohol en exceso puede propiciar sufrir la consabida resaca | Alexandre N.

La RAE define la resaca como “malestar que padece al despertar quien ha bebido alcohol en exceso”. Conviene entender la etiología y las características de este estado para dar explicación a los dolores de cabeza, fatiga y sentimiento general de miseria que sobrevienen a una noche de excesos.

¿Por qué se produce la resaca?

Cuando se consume alcohol, este penetra en el torrente sanguíneo y provoca que la glándula pituitaria bloquee la creación de vasopresina (conocida como la hormona antidiurética). Sin esta sustancia química los riñones envían agua directamente a la vejiga en lugar de que esta sea reabsorbida por el cuerpo humano. Es por ello que los bebedores tienen una imperiosa necesidad de ir al baño constantemente. Por cada 250 mililitros ingeridos de bebida alcohólica (una caña de cerveza, por ejemplo) el cuerpo expulsa entre 800 y 1.000 mililitros de agua. Por tanto, se pierde cuatro veces más líquido del que se gana. Cuanto más alcohol se ingiere, más aumenta el efecto diurético y más nefastas son las consecuencias al día siguiente.

Es habitual despertarse con la boca seca la mañana que sigue a una noche de intensa ingesta de alcohol. Eso es porque el cuerpo envía un mensaje desesperado para reponer su suministro de agua. Los órganos tratan de compensar su pérdida de agua robando la del cerebro. Como consecuencia, este disminuye en tamaño y tira de las membranas que le conectan con el cráneo, lo que deriva en dolor de cabeza y deshidratación. Los frecuentes viajes al baño hacen que los niveles de sodio y potasio en el cuerpo –necesarios para el funcionamiento nervioso y muscular– disminuyan drásticamente, lo que deriva en dolor de cabeza, fatiga y náuseas.

El alcohol también rompe el almacén de glucógeno en el hígado, pues lo convierte en glucosa y lo expulsa fuera del cuerpo a través de la orina. Niveles bajos de glucógeno serán los encargados de la debilidad, la fatiga y la falta de coordinación al día siguiente.

Los síntomas de la resaca varían según el tipo de alcohol que se haya ingerido

Hay dos procesos distintos para la obtención de bebidas alcohólicas: mediante fermentación alcohólica –vino, cerveza, sake– o destilación –licores, brandy o whisky–. Durante la elaboración del alcohol se desprenden de forma simultánea una serie de sustancias residuales conocidas como congéneres, véanse el metanol, el acetaldehído, la histamina y diversos polifenoles. Diferentes bebidas alcohólicas contienen distintos congéneres y, por lo tanto, acentúan distintos síntomas de resaca. La mayor concentración de estas toxinas se encuentra en el vino y los licores oscuros como el bourbon, brandy, whisky o tequila.

Otros factores

Si se mezclaron drogas y alcohol, las consecuencias serán más nefastas. Los patrones de consumo también influyen: bebedores pesados tendrán menos posibilidades de padecer una resaca, al contrario que los menos experimentados.

Por otro lado, si una mujer bebe lo mismo que un hombre, se emborrachará más rápido que él, pues tiene menos cantidad de agua en el cuerpo y metaboliza peor el alcohol.

Los genes juegan también un importante papel. Casi el 40% de los asiáticos orientales tienen la variante menos eficiente del aldehído deshidrogenasa –necesario para el procesamiento del alcohol– por lo que unos pocos sorbos bastan para empiecen a mostrar síntomas de embriaguez.

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