Propiedades del ajo

13 de junio de 2012
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Propiedades ajo

El ajo, Allium sativum, es una hortaliza cuyo bulbo resulta casi imprescindible en la cocina mediterránea. Tiene su origen en Asia Central, y diversas culturas antiguas, como la egipcia o la griega, no sólo lo utilizaban ya como condimento alimentario, sino que además se beneficiaban de sus múltiples propiedades curativas. Se cree que los egipcios lo usaban a modo de antiinflamatorio o analgésico contra los dolores, mientras que los atletas griegos lo consumían crudo porque lo consideraban una gran fuente de energía.

Lo que sí es cierto es que en nuestra propia cocina contamos con un buen aliado a la hora de curar o prevenir ciertas dolencias. Se recomienda consumirlo crudo para que no pierda ninguna de sus características y resulte más efectivo, pero, en ciertas ocasiones, también se aconseja tomarlo cocido, en función de lo que pretendamos tratar.

Un ajo crudo, además de ser un gran aporte para el organismo desde el punto de vista nutricional (es rico en vitamina C, B6, calcio, hierro y fósforo), también se convierte en un buen antiséptico aplicado sobre las picaduras de insectos. Actúa como fungicida contra numerosos hongos, es antihipertensivo, ayudando a reducir la presión arterial, aumenta el nivel de insulina en el organismo, combate los daños que produce el reumatismo y la arterioesclerosis, se relaciona con la prevención de algunos tipos de cáncer, reduce el estrés y la depresión, y contribuye a curar y a prevenir enfermedades de las vías respiratorias, como el asma, la ronquera y la tos.

En cambio, el ajo cocido libera una serie de componentes que son beneficiosos para disminuir el colesterol, aunque esto último no está totalmente demostrado.

Para dichos fines medicinales podemos tomarlo crudo, de uno a tres dientes diarios, macerado en vinagre, en cápsulas o perlas preparadas, o en infusión, para lo que herviremos una cabeza de ajo en un litro de agua durante cinco minutos, bebiendo de tres a cuatro tazas diarias.

Una de las contraindicaciones a la hora de consumir esta hortaliza suele ser el fuerte olor que despide, lo que en ocasiones va unido a una digestión pesada y a la aparición del mal aliento. Esta traspiración desagradable se debe a que el ajo posee azufre, pero afortunadamente puede evitarse bebiendo un zumo de limón, masticando perejil o tomando un vaso de vino o leche tras haberlo ingerido. Otra manera de evitarlo es cortando el ajo en dos mitades a lo largo y extrayendo la semilla central con el cuchillo.

No olvidemos también que existen numerosos platos dentro de la gastronomía mediterránea donde utilizamos el ajo crudo como condimento, tales como el ajoblanco, el salmorejo o el gazpacho andaluz, ideales para degustar en estos meses de calor.

Fotografía | Fortimbras
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