¿Por qué las patatas fritas 'chips' causan tanta adicción?

Muchos snacks, como las patatas fritas chips, incorporan glutamato monosódico. La presencia de este aditivo explica que no seamos capaces de controlar el impulso de comer y comer hasta terminar con la bolsa
13 de marzo de 2012
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Patatas fritas ‘chips’, culpables de causar adicción | Robbopy

Suelen decir que el que avisa no es traidor. Desde un principio su eslogan nos lo advierte: no podrás comer sólo una. Las patatas fritas tipo chips, entre otros snacks, nos generan una completa adicción. Aunque este término resulte algo exagerado, podéis estar seguros de que una vez nos las llevamos a la boca es muy difícil parar de comerlas. Lo cierto es que no nos conformamos con una sola patata frita, ni con uno de esos “sabrosos” aperitivos. Los niños tienen especial predilección por ellos, a raíz de su enorme carga publicitaria. Pero ¿cuál es el motivo? Esta dependencia se debe, en parte, a que los snacks incorporan un ingrediente clave que potencia su sabor.

El glutamato monosódico, que también se esconde bajo el número E-621, es un aditivo alimentario que se utiliza con frecuencia en los alimentos procesados, actuando como conservante y saborizante. Se puede degustar en casi cualquier plato que pidas en un restaurante chino, pero también figura entre los ingredientes de la comida precocinada. ¿Qué efecto tiene el glutamato sobre el apetito? Esta sal sódica sería la responsable de que tengamos tantas ansias de devorar una patata tras de otra, hasta acabarnos el paquete completo.

Puede llegar a producir un apetito insaciable, de ahí que cuando consumimos alimentos que lo contienen tengamos la sensación de no poder parar. Lo que a la larga perjudica nuestra salud y favorece la obesidad, teniendo en cuenta que hablamos de alimentos ricos en grasas saturadas y calorías. El glutamato estimula receptores específicos de la lengua, que al entrar en contacto con el mismo envían señales al cerebro. A su vez éste nos invitara a pedir más y más, y sentimos un impulso que no somos capaces de controlar.

Unas veces por falta de tiempo y otras por pura pereza, acabamos recurriendo a los “productos chatarra”. Al principio nos esmeramos en elegir alimentos lo más saludables posible, pero nos dura poco. Algo similar les ocurre a los padres, que cada día se enfrentan a la difícil tarea de elegir la merienda que han de llevarse sus hijos al cole. Lo ideal es que la merienda incluya los nutrientes esenciales, que favorezcan el crecimiento y el desarrollos de los peques. Os recomendamos recurrir a la fruta fresca, los zumos o licuados, los yogures y los cereales sin azúcar.

Si te entran ganas de “picotear” olvídate de las patatas chips y escoge vegetales crudos, pues son igual de crujientes y mucho más sanos. Y si algún día quieres darte un homenaje evita comer directamente de la bolsa. Es mejor que coloques una porción sobre un plato para así controlar la cantidad que ingieres.

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