Mareos al levantarse, acostarse, tumbarse o agacharse

¿Por qué sufrimos mareos al levantarnos o acostarnos? Los mareos frecuentes pueden deberse al descenso de la presión arterial o ser un síntoma de algún problema de salud importante. Su origen también podría estar en el consumo de determinados medicamentos o en la interacción entre los mismos.
8 de mayo de 2016
mareos al levantarse o acostarse

Marearse al incorporarse, agacharse o tumbarse no tiene por qué suponer problemas de salud, pero conviene analizar por qué ocurre | Jocelyn (CC by 2.0, Flickr)

«Cuando me levanto rápido de la cama, me mareo». «Me he agachado a coger una cosa y he sentido que todo daba vueltas». Probablemente a ti también te haya pasado en alguna ocasión. Mientras estás tumbado plácidamente, recuerdas que tienes algo que hacer; por ejemplo, te urge la necesidad de ir al baño o te entras ganas de comer. Al momento de levantarte empiezas a sentirte aturdido, como si estuvieras a punto de perder el conocimiento, incluso la vista se te nubla y empiezas a ver destellos de colores en tu campo de visión. Te quedas quieto, intentas apoyarte en algo o sentarte y pronto recuperas el control de la situación. Al instante exclamas: «¡Vaya mareo me acaba de dar!» Si ocurre una sola vez, le restas importancia y piensas que es algo puntual, que habrá sido por levantarte deprisa. Pero cuando se repite, comienzas a preocuparte y le das vueltas a la idea de que algo grave te puede estar pasando.

Causas

¿Cuáles son los motivos por los que uno se marea al levantase o ponerse de pie? Muy posiblemente la causa se halle entre los siguientes supuestos:

  • Una de las causas que desencadenan el mareo es la bajada repentina de la tensión arterial como consecuencia de un cambio brusco de postura, lo que médicamente se denomina hipotensión ortostática. La sensación de mareo causada por este problema cardiovascular se produce solo al levantarse y perdura un tiempo, minutos u horas.
  • En el caso de que la sensación de mareo se produzca al levantarse o acostarse y dure escasos segundos, se podría tratar de vértigo posicional paroxístico benigno (BPPV), un problema en los nervios y la estructura del oído interno.
  • Aparte de estos dos trastornos, hay otras afecciones que pueden provocar los mareos. La enfermedad de Méniére, la neuritis vestivular y la laberintitis son algunos problemas del oído que pueden conducir a los mareos. Un ictus, los ataques de pánico o angustia y otras enfermedades sistémicas (hipertensión, diabetes…) también podrían desencadenarlos.
  • Además, cabe la posibilidad de que el uso de determinados medicamentos (sedantes, vasodilatadores, antidepresivos…) o en la interacción farmacológica den lugar a los síncopes o mareos.

¿Es preocupante?

La gravedad del mareo dependerá de los síntomas adicionales que pueda mostrar el paciente: visión doble, dolor torácico, palpitaciones cardíacas, convulsiones, dolores de cabeza, pérdida de sensibilidad… La duración del síncope también puede determinar su relevancia.

Es inevitable que nos alarmemos si sufrimos mareos recurrentes. La reacción normal es preocuparse y ponerse en lo peor. Pero para mayor tranquilidad, hay que tener presente que los mareos no son mortales ni se deben siempre a problemas de salud graves.

En principio no hay motivos para estar intranquilos o angustiados, pero recomendamos visitar al médico si se sufren crisis frecuentes para descartar que exista una enfermedad importante o complicaciones de una ya diagnosticada. Prevenir es siempre mejor que currar.

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