El kéfir y sus beneficios para la salud

El kéfir es una leche fermentada con beneficios digestivos, antibacterianos y antifúngicos. Regenera la flora intestinal, regula el tránsito y refuerza el sistema inmune. Puedes prepararlo tú mismo en casa siguiendo nuestros consejos
23 de Septiembre de 2015
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Kéfir casero de leche, un alimento probiótico con muchos beneficios para la salud | David N. (CC by 2.0, Flickr)

¿Qué es el kéfir? Una leche fermentada con características organolépticas diferentes a las del yogur. Se trata de un hongo que se presenta como nódulos con una textura esponjosa y un sabor ligeramente ácido. Este producto, originario del Cáucaso, resulta mucho más digestivo y tolerable que la leche.

Tanto el yogur como el kéfir son probióticos, es decir, contienen microorganismos vivos benéficos tanto para la salud gastrointestinal como para el sistema inmunológico.

Un aliado para tus defensas

La ingesta de kéfir aporta muchos beneficios al tracto intestinal, ya que regenera la microbiota y evita la colonización patógena. Además, favorece la digestión, regula el tránsito y previene el cáncer de colon.

El kéfir ha demostrado actividad antibacteriana contra cepas patógenas (Escherichia coli, Helicobacter o Salmonella) y contra hongos o levaduras tan comunes como Candida albicans. Las investigaciones científicas sugieren que el kéfir constituye un buen agente antimicrobiano, antifúngico, antiinflamatorio  y cicatrizante.

Refuerza las defensas del organismo frente a infecciones causadas por virus y bacterias y reduce los niveles de colesterol. Además, este hongo mejora la absorción y asimilación de los nutrientes ingeridos. Contiene potasio, calcio, fósforo y vitaminas del grupo B.

Gracias a estas valiosas propiedades, el kéfir actúa beneficiosamente sobre un amplio número de enfermedades.

¿Cómo se hace kéfir casero y cómo se toma?

El kéfir no está a la venta en tiendas, sino que se debe conseguir a través de alguien que lo cultive. Sin embargo, puedes cultivar el kéfir de manera casera y aprovecharte así de sus extraordinarios beneficios para la salud, puesto que los nódulos están en constante crecimiento y regeneración.

Una vez dispongamos de los gránulos o nódulos de kéfir, solo hay que introducirlos en un recipiente hermético con un cuarto de litro de leche fresca pasteurizada y dejarlos reposar a temperatura ambiente al menos 24 horas. Para obtener un kéfir más intenso y astringente, tendremos que esperar alrededor de 36 horas.

Después de fermentar, se cuelan los gránulos de kéfir y se toma el líquido resultante como cualquier otra bebida. Otra opción es usar el kéfir en la elaboración de recetas tradicionales.

Para seguir haciendo kéfir, basta con enjuagar el recipiente y volver a verter leche sobre los nódulos de kéfir.

Lo ideal es beber el kéfir lo antes posible, ya sea sin endulzar o con un poco de stevia o miel. Cuando te resulte imposible hacer kéfir, puedes conservar el hongo en agua con azúcar en la nevera durante tres o cuatro días. En el caso de que vayas a estar fuera varios meses, es recomendable escurrir bien el kéfir, secarlo y congelarlo.

Para producir la bebida fermentada, habrá que descongelar el kéfir en el frigorífico y rehidratarlo con agua y azúcar antes del cultivo. Cabe señalar que el proceso de congelación retrasa el ritmo de crecimiento del kéfir.

Aunque el de leche sea el más conocido por todos, existen otros dos tipos de kéfir: de agua y de té o “kombucha”. El kéfir de leche se suele tomar como bebida, pero también podemos añadirlo a batidos, macedonias de frutas, cremas, sopas y otras preparaciones culinarias para darles un particular toque agrio.

En Muy en forma | Kéfir: propiedades saludables

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