Infección de orina en hombres

La infección de orina en hombres es menos frecuente que en mujeres, pero puede ocurrir por diversas causas: crecimiento prostático, portar sondas… Los síntomas más frecuentes de la infección urinaria en varones son el incremento de la frecuencia miccional, el escozor y el dolor al orinar
23 de noviembre de 2015
infección de orina en hombres

Los arándanos, buenos contra la infección de orina en hombres y mujeres | Jevgenijs S. (CC by 2.0, Flickr)

Aunque las infecciones en el tracto urinario (ITU) son más frecuentes entre la población femenina, también pueden afectar a los hombres. Teniendo en cuenta sus posibles complicaciones y consecuencias, no hay que tomárselo a la ligera ni ignorar el problema.

La infección de orina se produce debido a la invasión y proliferación de los microorganismos en el tracto urinario. Por cuestiones anatómicas, dado que las mujeres tienen la uretra más corta y su abertura está más próxima al ano, los hombres poseen menos probabilidades de contraer una infección.

Causas

Por lo general, las infecciones de las vías urinarias son causadas por bacterias que ascienden por la uretra hasta alcanzar la vejiga o la próstata, siendo una de las principales responsables la denominada Escherichia coli. No obstante, también pueden deberse a hongos, virus u otros agentes patógenos.

Cualquier anomalía que pueda obstruir o frenar el flujo de orina eleva el riesgo de sufrir una infección urinaria: malformaciones congénitas, cálculos en el riñón o en la vesícula… Otros factores que contribuyen al desarrollo de la infección de orina son la diabetes mellitus, la hiperplasia prostática o el agrandamiento de la próstata, un sistema inmune debilitado y la existencia de tumores.

Asimismo, llevar sonda vesical, la cual facilita el ascenso de las bacterias a la vejiga, es otra circunstancia por la que los hombres suelen desarrollar este tipo de infecciones con facilidad.

Síntomas

El cuadro clínico de la infección urinaria en hombres puede diferir según la localización de la infección y la virulencia de los microorganismos patógenos responsables de la misma. Los síntomas más comunes de las infecciones en el tracto urinario son la disuria (escozor o quemazón en la uretra al orinar), el dolor lumbar o en la parte inferior del abdomen y el aumento en la frecuencia urinaria.

Aparte de producir dificultad para retener la orina, sensación de dilatación del recto e irritabilidad, la infección urinaria en hombres puede manifestarse con fiebre, náuseas, vómitos y sangre en la orina (hematuria).

Sin embargo, en ocasiones las infecciones de las vías urinarias transcurren sin síntomas o molestias.

Tratamiento

El tratamiento para combatir las infecciones de orina en hombres consiste básicamente en la administración de antibióticos durante 7-10 días, siguiendo la pauta convencional.

Aparte de solicitar un cultivo de orina, el médico realizará un antibiograma que le ayude a seleccionar el antibiótico más adecuado o eficaz contra el agente patógeno que provoca la infección. También llevará a cabo las pruebas complementarias pertinentes para la detección de factores de riesgo o trastornos subyacentes que predispongan a su desarrollo.

Salvo que se trate de una infección urinaria grave, no será necesaria la hospitalización. Los analgésicos y antiespasmódicos pueden ayudar a calmar el dolor y las molestias severas. En casos aislados, daños graves en riñones o próstata, cálculos, anomalías físicas…, es posible recurrir a la cirugía para tratar la infección urinaria.

Consejos de prevención

Las medidas preventivas que los expertos recomiendan tomar para la infección de orina son: beber agua regularmente y en abundancia (1,5-2 litros diarios) con el fin de limpiar el tracto urinario, acudir al servicio de inmediato cuando surja la necesidad de orinar y dejar de fumar. Asimismo, el zumo de arándanos ayuda a prevenir y a combatir la infección.

Mientras la infección persiste no conviene tomar café, bebidas alcohólicas y comidas especiadas. Otros consejos para evitar las infecciones urinarias comprenden la limpieza diaria (y antes de practicar sexo) del glande y el prepucio y el mantenimiento de una adecuada higiene por parte del personal sanitario encargado de manipular el catéter.

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