Frutos secos y colesterol

Tomar a diario un puñado de frutos secos, en especial nueces, es una forma natural de mantener a raya el colesterol "malo" (LDL)
27 de septiembre de 2013
frutos secos colesterol

Frutos secos, aliados en la batalla contra el colesterol | Santi V.

Pistachos, avellanas, almendras, nueces, anacardos… figuran en la carta de picoteo cardiosaludable. Los frutos secos tienen mala reputación por su elevado contenido en calorías y grasas, pero los nutricionistas los recomiendan en cualquier dieta sana y equilibrada. Estudios realizados hace décadas revelaron en su día que los frutos secos eran buenos para la salud y que debían formar parte de la cotizada e imitada a nivel mundial dieta mediterránea, pero por aquel entonces no se sabía exactamente el porqué.

En recientes investigaciones se ha descubierto que el consumo habitual de frutos secos reduce significativamente los niveles de colesterol. Es más, pese a sus características nutricionales, no influyen en el veredicto de la báscula. Es decir, los frutos secos no equivalen a ganar peso, de manera indirecta, sino que hasta pueden ayudar a adelgazar. Se consideran excelentes aliados de la salud cardiovascular por contribuir a mantener a raya el colesterol “malo” (LDL).

Un puñado de frutos secos –en especial nueces– al día resulta beneficioso para aquellas personas que presentan niveles altos de colesterol o basan su alimentación en carnes rojas y comida fast food. La ingesta de frutos secos se asocia a mejores niveles de lípidos en sangre y a la prevención de enfermedades coronarias, además, como ya apuntábamos al inicio, a un menor riesgo de ganancia de peso.

Al ser ricos en fibra, proteínas, grasas insaturadas, minerales, vitaminas, antioxidantes y fitoesteroles representan una herramienta terapéutica o píldora natural para aumentar los niveles de colesterol “bueno” (HDL), por un lado, y rebajar los de colesterol LDL (el “malo”) por el otro, minimizando el riesgo de sufrir eventos cardiovasculares. Cuesta considerarlos un producto dietético por su densidad energética, pero no olvidemos que los frutos secos tienen la capacidad de aumentar la termogénesis o la energía gastada en reposo.

En síntesis, los frutos secos hacen que consumamos más energía, incluso cuando descansamos y, por tanto, ayudan a controlar el peso corporal indirectamente. Proporcionan saciedad, de modo que después de comer frutos secos se tiene menos hambre y se consumen menos alimentos que hacen engordar. Como afirmaba Aristóteles, “en el término medio está la virtud”, por lo que conviene tomarlos con moderación y usarlos para reemplazar tentempiés, dulces ricos en grasas saturadas o hidratos de carbono refinados: patatas fritas, bollería industrial, refrescos, etc.

En Muy en forma | Alimentos para reducir el colesterol

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