Dieta alcalina

La dieta alcalina o dieta ácida se caracteriza por reducir la ingesta de alimentos ácidos y aumentar el consumo de alimentos alcalinos, mayoritariamente frutas y vegetales
11 de diciembre de 2013
dieta alcalina

La dieta alcalina propone reducir el consumo de alimentos que producen un medio ácido | Katye

Entre las dietas milagro y los planes de adelgazamiento exprés hay una que ocupa un lugar privilegiado en el ranking actual al haber sido probada y avalada por celebrities y estrellas de cine como Victoria Beckham, Gwyneth Paltrow o la exuberante Jennifer Aniston. La dieta alcalina ha ido ganando cada vez más adeptos dentro y fuera de la alfombra roja por el éxito que está teniendo entre los famosos hollywoodense.

¿En qué consiste la dieta alcalina?

¿Conoces los principios de la dieta alcalina? ¿Sabes qué alimentos puedes consumir y cuáles hay que evitar en este método que promete conseguir y mantener el peso ideal? ¡Te lo contamos todo!

El secreto de las it girls para mantenerse siempre delgadas y lucir palmito ante las cámaras parece estar en un método basado en conseguir que el pH de la sangre tenga un nivel de alcalinidad de 7,4 a través de la ingesta de determinados alimentos.

El objetivo de este régimen alimenticio no es tanto la pérdida de peso como la eliminación de las sustancias dañinas del organismo con el fin de revitalizar el cuerpo, ayudar a que nos veamos más jóvenes frente al espejo y acabar de raíz con los problemas de salud. Quienes padecen la fiebre alcalinizante aseguran que esta dieta aporta energía y vitalidad y que con ella es posible adelgazar entre 2 y 4 kilos al mes.

La dieta alcalina consiste en reducir el consumo de alimentos ácidos –carne (roja, especialmente), huevos, lácteos o pasta– e incrementar la ingesta de alcalinos como la fruta y los vegetales. La idea es llevar una alimentación rica en productos alcalinos y evitar los que producen un medio ácido, entre ellos los carbohidratos refinados, quesos, dulces, refrescos, alcohol y bebidas con cafeína.

La dieta alcalina aboga por el control de los niveles de azúcar en sangre, y, según los teóricos que la defienden a capa y espada, previene de la mayoría de dolencias y problemas crónicos originados –a su juicio– por un exceso de acidez en el organismo: fiebre, constipado, dolor de cabeza, ansiedad, osteoporosis, artritis, quistes ováricos, etc.

Prevenir el cáncer y otros supuestos beneficios

El –supuesto– beneficio más popular de la dieta alcalina no es otro que afirmar que previene el cáncer, puesto que la acidificación de la sangre impediría a las células cancerosas sobrevivir en un medio ácido. Nada más lejos de la realidad, tal y como afirman diversos estudios científicos.

Otro beneficio infundado es el de adelgazar por arte de magia, sin el más mínimo esfuerzo. Es cierto que cuidar la alimentación y apostar por alimentos más saludables podría reflejarse en el cómputo global de calorías diarias y, por ende, en obtener un balance energético negativo que nos ayude a bajar de peso con el tiempo. No obstante, debemos huir de la palabra dieta y apostar por la frase aprender a comer de forma equilibrada y saludable, que es algo bien distinto. Asimismo, es crucial practicar ejercicio físico con asiduidad y evitar el sedentarismo.

Por otra parte, los defensores de la dieta alcalina afirman que es, como adelantábamos anteriormente, beneficiosa contra enfermedades del corazón, artrosis, diabetes y un sinfín de patalogías más. También falso, como se ha demostrado científicamente.

Sus consecuencias

Los productos ácidos no desaparecen por completo de la alimentación diaria, pero sí deberían consumirse en cantidades reducidas. Así pues, la dieta alcalina estaría formada por un 80% de alimentos alcalinos y un 20% de alimentos ácidos. ¿Realmente mantendrá a raya todas las enfermedades que nos acechan? Es evidente que lo que comemos nos afecta positiva o negativamente, pero no hay evidencia de que este cambio de alimentación altere los niveles de pH de la sangre.

En cualquier caso, no se aconseja comenzar la dieta alcalina –vulgarmente conocida como dieta ácida– o cualquier otra por cuenta propia si no queremos comprometer la salud. Médicos y nutricionistas serán los encargados de comunicarnos si podemos o debemos adoptar una dieta reducida en comidas acidificantes o alimentos tan comunes en nuestra mesa como la leche de vaca, el pan, el arroz, la pasta, el pescado y el marisco.

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