Diabetes mellitus

La diabetes mellitus ocurre cuando el organismo no es capaz de producir suficiente insulina o no puede utilizarla de manera eficaz. Hay dos tipos: la tipo 1, o insulinodependiente, y la tipo 2, o de inicio en la edad adulta
3 de marzo de 2015
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La diabetes ‘mellitus’ se diagnostica mediante análisis de sangre | Alden C.

La diabetes mellitus es una enfermedad crónica que se origina cuando el organismo no produce la cantidad de insulina necesaria o no la utiliza eficazmente. La insulina es la hormona que se encarga de regular el azúcar en sangre, transportando la glucosa a las células para su posterior utilización como fuente de energía. Si la insulina es insuficiente o no funciona bien, los azúcares se acumulan en la sangre provocando la denominada hipoglucemia, es decir, el aumento excesivo de los niveles de azúcar en sangre.

Tanto el momento de aparición de la enfermedad como los factores de riesgos, las causas y los síntomas que presentan las personas diabéticas dependen del tipo de diabetes que se padezca. Existen dos tipos principales de diabetes mellitus: la diabetes tipo 1, también llamada insulinodependiente, y la diabetes tipo 2 o de inicio en la edad adulta.

Diabetes mellitus tipo 1

En la diabetes tipo 1, que normalmente aparece de forma brusca en la infancia, la adolescencia y los primeros años de vida adulta, se desconocen las causas exactas. Puede influir la predisposición individual, las alteraciones de los mecanismos de defensas del organismo y las infecciones víricas que conlleven a la destrucción de las células pancreáticas productoras de insulina. Por ello, se requiere la administración artificial diaria de dicha hormona.

Las manifestaciones típicas de la diabetes mellitus tipo 1 abarcan la excreción excesiva de orina (poliuria), la sed y el hambre constante (polidipsia y polifagia), la pérdida de peso, el cansancio y los problemas visuales.

Diabetes mellitus tipo 2

La diabetes tipo 2, o no insulinodependiente, la más común, obedece a factores genéticos, un peso corporal excesivo o la obesidad, las dietas desequilibradas y el sedentarismo o la inactividad física de la población. Aunque por lo general se presenta en adultos, en la actualidad se está diagnosticando en niños y adolescentes.

En la diabetes mellitus tipo 2 no suelen manifestarse los síntomas descritos en la tipo 1. En este caso la sintomatología es inespecífica y menos evidente, por lo que la enfermedad, a menudo, se diagnostica tras varios años de evolución cuando aparecen complicaciones. Muchas de las personas que sufren diabetes mellitus tipo 2 desconocen que padecen esta enfermedad.

Diagnóstico y tratamiento

Un análisis de orina puede revelar hiperglucemia, o valores de glucosa por encima de lo normal. El médico puede intuir la presencia de diabetes si el nivel de azúcar en sangre es superior a 200 miligramos por decilitro de sangre (mg/dl). Sin embargo, para confirmar el diagnóstico de diabetes mellitus suelen se realizarse uno o varios exámenes de sangre: prueba oral de sobrecarga a la glucosa y de glucemia en ayunas.

El tratamiento de la diabetes mellitus comprende tres pilares fundamentales: dieta, actividad física y medicación. El objetivo del tratamiento es mantener los niveles de glucosa dentro de la normalidad para reducir el riesgo de complicaciones asociadas.

La alimentación juega un papel muy importante en la prevención de la diabetes mellitus. Aunque no son necesarios en todos los casos, la dieta en ocasiones se combina con fármacos llamados antidiabéticos orales. Además, se recomienda la práctica regular de ejercicio físico moderado, el cual es beneficioso para toda la población y no solo para las personas diabéticas.

En lo que respecta al tratamiento dietético, un plan alimentario individualizado, variado y saludable no puede curar por sí solo la diabetes, pero sí ayuda a controlar los niveles de azúcar en sangre. En términos generales, los puntos a tener en cuenta de la dieta son los siguientes: que sea rica en fibra (cereales integrales, legumbres, verduras, frutos secos y fruta en cantidades adecuadas), baja en grasas saturadas (lácteos enteros, carnes rojas, huevos, embutidos, vísceras…) y moderada en hidratos de carbono simples (azúcar de mesa, miel, mermelada, golosinas, zumos, refrescos y otras bebidas azucaradas) y complejos (patatas, legumbres y cereales).

Asimismo, se sugiere reemplazar el azúcar o la miel por edulcorantes, preferiblemente naturales, como la stevia, que además de no aumentar los niveles de glucosa en sangre son acalóricos y constituyen una gran alternativa para las personas con sobrepeso u obesidad.

En Muy en forma | Diabetes gestacional

Un comentario
  1. Miguel
    Publicado el 1 abril, 2015 a las 21:33 | Enlace

    El aumento de azucar en sangre se llama hiperglucemia y la disminucion hipoglucemia

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