Cómo evitar los calambres musculares en invierno

Los calambres musculares se originan por causas diversas. Para evitarlos durante el invierno es necesario realizar calentamientos más prolongados, hidratarse y no descuidar la alimentación
18 de enero de 2012
calambres musculares

Aprende cómo evitar los calambres musculares durante el invierno | Kris K.

A menudo tendemos a preocuparnos de los calambres musculares solo durante el verano, dado que hay mayor riesgo de deshidratación y pérdida de minerales. Sin embargo, con la llegada del frío estos se hacen más frecuentes, dificultando o impidiendo que realicemos nuestra actividad física cotidiana. Si lo pensamos detenidamente es lógico que durante el invierno se sucedan los calambres musculares. Cuando las temperaturas descienden, los vasos sanguíneos se contraen y se reduce la circulación de la sangre, en el proceso que se denomina vasoconstricción.

A ello también habría que sumarle una falsa percepción que poco a poco se ha ido extendiendo: solemos pensar erróneamente que, al no estar expuestos al calor, no es necesario hidratarse tanto, por lo que bebemos menos cantidad de agua. Los factores que hemos descrito son suficientes para provocar el espasmo involuntario. Las causas por las que se origina esta sensación tan dolorosa y molesta son diversas. Muchas personas no son capaces de encontrar los motivos por los que sufren de calambres musculares, normalmente al finalizar la carrera o la rutina, cuando salen a correr durante el invierno.

Una de las claves para prevenir los calambres musculares es el calentamiento. Antes de someternos a sesiones intensas, será necesario ejecutar calentamientos y estiramientos más completos y prolongados. Calentar es incluso más importante en invierno que en verano, ya que el objetivo que se persigue es aumentar la temperatura corporal para que el organismo funcione a la perfección. Evidentemente, en el período invernal es mucho más complicado alcanzar la temperatura óptima.

La hidratación es otro de los pilares a tener en cuenta. El hecho de que nos sintamos menos sedientos y no transpiremos tanto como en verano no significa que no perdamos agua corporal. Aunque no seamos capaces de percibirlo, el agua se evapora. Es imprescindible hidratarse unos 30 minutos antes del entrenamiento, así como durante y después del mismo para que no decaiga nuestro rendimiento físico y aparezcan los primeros síntomas de fatiga.

Para evitar que se produzcan calambres en los músculos tampoco debemos pasar por alto la ropa de abrigo ni descuidar la alimentación. El frío limita el aporte sanguíneo a los músculos que se están ejercitando en ese momento, pero si nos abrigamos de más el exceso de sudor hará que nos deshidratemos antes. Por lo tanto, tentremos que encontrar el término medio entre ir bien abrigado y abrigarnos en demasía.

En Muy en forma | Correr: beneficio físico y estético

DEJA UN COMENTARIO

*
*

Tu e-mail nunca se publicará. Los campos requeridos están marcados con un *
Al publicar un comentario estás aceptando nuestra política de privacidad.